Hola amantes de lo
friki soy Gri “yo” González y esto es Cine
El cine se basa en
la fotografía un arte que data de hace casi 200 años
Hay muchos géneros
de cine pero nosotros nos vamos a centrar en el área del cine de aventuras.
No son pocos los críticos que desprecian de forma
automática el cine más comercial y sólo a regañadientes reconocen la valía
de títulos muy concretos cuando éstos son aclamados de forma unánime —siempre
queda alguno que parezca querer llevar la contraria sólo por llamar la atención,
eso sí—. Es un reacción muy difícil de entender más allá de la no muy
afortunada idea de que el cine que aspira a llegar a todos los públicos jamás
podrá alcanzar la mitad del nivel mostrado por rareas más o menos acusadas, lo
cual desemboca en multitud de ocasiones en dar la sensación de que el principal
motivo para alabar determinado título es lo diferente que éste respecto a lo que
se estrena habitualmente.
Soy
el primero en criticar a un blockbuster cuando éste resulta ofensivo a la
inteligencia o, siendo éste el mayor pecado en el que puede incurrir, se
convierte en una experiencia aburrida por mucha explosión o interminable persecución
con la que busque hacerme pasar un buen rato. Sin embargo, soy el primero en
reconocer el gran nivel que puede alcanzar una superproducción, ya que no tiene
sentido pedir exactamente lo mismo a toda obra y por ello no dudé en incluir a "Skyfall" (id,
Sam Mendes) o ‘Los vengadores’ (‘The Avengers’, Joss Whedon) entre mis películas
favoritas del año pasado. Hoy me toca hablados de "Pacific Rim" (id, Guillermo del Toro, 2013) y lo primero que puedo deciros es que la
hubiera amado con todo mi ser de haberla visto con unos 12 años, pero lo que he
encontrado con 29 años de edad es la película perfecta para mantener con vida a
mi niño interior, ese que nunca deberíamos dejar morir.
Robots
gigantes contra monstruos alienígenas
Me he
cansado de leer comentarios emparentando a ‘Pacific Rim’ con la divertida ‘Transformers‘
(id, Michael Bay, 2007), la seminal ‘Godzilla, Japón bajo el terror del
monstruo‘ (‘Gojira’, Ishirô Honda, 1954) y la televisiva ‘Neon Genesis
Evangelion‘ (1995), normalmente para quitar importancia a la primera o
simplemente para reducir su existencia a una mera suma de lo que ya hemos visto
en otras ocasiones cuando a la hora de la verdad son parecidos mucho más
superficiales de lo que pueda parecer. De ‘Neon Genesis Evangelion’ apenas hay
coincidencias en su premisa, porque los mechas japoneses van mucho más allá de
este mítica serie y el tono excesivamente trascendental de aquella brilla aquí
por su ausencia, mientras que del primer Godzilla no veo más que la similitud
en el enfoque respetuoso hacia un tema a tratar más o menor parejo —estamos
ante una invasión aleinígena y no ante monstruos creados por la
irresponsabilidad humana— y el hecho de que ‘Pacific Rim’ esté dedicada a,
entre otros, la memoria de Ishiro Honda.
Nos
queda ‘Transformers’, con la que por encima de todo destaca un detalle que a
algunos les parecerá insignificante, pero que yo encuentro esencial para poder
conectar con mi yo de 12 años. Me refiero a la implicación humana en las
batallas, y es que me sorprendería sobremanera que entre nuestros lectores haya
alguno que no se divirtiese haciendo pelear a sus juguetes, por absurda o
desequilibrada que pudiera ser la contienda. Es aquí donde la inspiración
nipona resulta esencial, ya que la saga ‘Transformers’ obvia casi por completo
la intervención humana más allá de la presencia como héroe improbable de Shia
LaBeouf y tanto buenos como villanos no son más que amasijos de máquinas y
metal como bien podrían haber sido cualquier otra cosa. En ‘Pacific Rim’ hay
humanos controlando a los jaegers y es su pericia la que determina su triunfo o
fracaso, mientras que los monstruosos kaijus van progresando y adaptándose a
las capacidades de sus rivales.
Por
suerte para todos, la tercera pata sobre la que se asienta el reparto de
‘Pacific Rim’ tiene una solidez indiscutible, ya que Idris Elba lo borda
en un personaje que sólo tiene pequeñas lagunas por lo relativamente forzado
que está en el guión el hecho de que funcione como elemento cohesionador de
todas las tramas. Él no sólo no tiene la más mínima culpa de ello, sino que
logra que pase casi completamente desapercibido al mismo que funciona como el
eje espiritual de la función, lo cual alcanza su colofón en el épico discurso
que suelta para motivar a sus tropas antes de la gran batalla final. Del resto
del reparto poco tengo que decir más allá de lo simpático que me resultó el
personaje de Charlie Day pese a que está constantemente bordeando la
fina línea que separa lo gracioso de lo ridiculo.
Pese
a haber destacado ya la que considero que es la mejor secuencia de la película,
no me gustaría dejar de incidir en el maravilloso trabajo de dirección
desplegado por Guillermo del Toro, quien así termina de diferenciar por
completo su película de la franquicia robótica liderada por Michael Bay,
y lo hace sin la ayuda de una banda sonora que ayude a resaltar lo emocional o
lo emocionante, ya que la música de Ramin Djawadi carece de personalidad
alguna —Del Toro debería plantearse el retomar su antigua relación
profesional con Marco Beltrami, quien sí parecía entender mejor el tono de su
obra—. Siempre resulta peligroso confiar demasiado en los efectos visuales,
pero Del Toro hace gala de una gran capacidad para ser espectacular al mismo
tiempo que no marea la perdiz con un montaje epiléptico o una puesta en escena
confusa, ya que quiere que el espectador sea partícipe en todo momento de lo
que sucede en pantalla.
Del
Toro también demuestra, como ya pudo comprobarse en sus anteriores producciones
hollywoodienses —o en ‘El laberinto del fauno‘ (id, 2006), aún hoy su
mejor película—, una gran atención a los detalles visuales, ya que no sólo consigue
epatar al espectador a través de su grandilocuencia, sino que, como comentaba
antes, cuida los detalles que diferencian a las diferentes criaturas y dedica
ideas diferentes a cada uno de los enfrentamientos entre jaegers y kaijus. Además,
sus cintas americanas siempre han demostrado una querencia hacia los alivios
cómicos bastante efectiva y ‘Pacific Rim’ no es una excepción a la regla.
No
tengo problemas en decir que hubiera defendido a muerte que ‘Pacific Rim’ es la
mejor película con mis compañeros de colegio, tampoco que hubiera flipado con
ella de haberla visto siendo un adolescente, pero a estas alturas de mi vida me
tengo que conformar con el gran entretenimiento para todos los públicos que
es, viéndose esto fortalecido por el brillante acabado visual y el notable
trabajo de Guillermo del Toro tras las cámaras y debilitado por un casting erróneo
y un guión que podría haber dado más de sí pese a estar por encima de la media
de este tipo de cintas en los últimos años. Con todo, no me cabe duda de que
estamos ante una de las películas del verano tanto por méritos propios
como por deméritos de otros títulos a priori mucho más estimulantes de lo que
luego han acabado siendo como "Elysium" (id,
Neill Blomkamp, 2013).
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